¡NO PODEMOS SEGUIR VIVIENDO EN MEDIO DE TANTA VIOLENCIA! La educación como instrumento para el cambio
Soy de una generación que escuchó que nuestra sociedad no era viable. Viví
en una época en la que los juegos de calle fueron interrumpidos por los toques
de queda decretados a raíz del sinnúmero de carrobombas que rompían el silencio
de las noches. Vi como la violencia arrebataba la vida de las personas más
reconocidas por su nobleza y altruismo. Observé la violencia desde la barrera y
la he vivido en carne propia.
Elegí ser profesor en un contexto complejo porque descubrí que la misión,
más que compartir conocimiento, era generar esperanza. En las aulas encontré la
posibilidad de una nueva sociedad. En ellas conocí personas que, en otrora
enfrentadas en armas, ahora convencen con argumentos. De mis alumnos aprendí
que la mayor unión se encuentra en lo que nos es común: la necesidad, el dolor
y los sueños. Me enseñaron que la educación es la oportunidad para el diálogo,
la empatía y el reconocimiento de la realidad del otro, que las aulas son el
espacio más fértil para una convivencia pacífica, para la afirmación de la
igualdad, la protección de la dignidad y el respeto de las diferencias.
En los ojos de mis alumnos (ricos y pobres, blancos y negros, creyentes y
no creyentes, de izquierda y derecha), encontré una verdad: A todos nos une algo
más fuerte que aquello que nos divide: el deseo por construir una mejor
sociedad. Lo que nos separa es mínimo, por no decir insignificante. Todos
buscamos mejores oportunidades a través del desarrollo, la justicia, la
seguridad, el orden, la equidad, la familia, la dignidad, el pluralismo o la
diversidad. El problema no está en lo que debemos lograr, sino en el nivel de
importancia que esos intereses tienen en cada vida. Esa prioridad es, en la
mayoría de las ocasiones, resultado del más indescifrable juego de azar llamado
destino y, como es sabido, nadie puede ser culpado por el que le fue asignado.
También encontré una de las principales causas de la división: creer que la
sed por un poco de poder (sea material, político o religioso), es algo que
únicamente ataca los corazones de los contradictores, mientras que el de los
propios correligionarios permanece inmune a toda contaminación. La falta de
humildad y la indiferencia borran de nuestras mentes un importante mandato:
Quien se crea libre de pecado que tire la primera piedra. Olvidamos que todo lo
que representa lo más perverso del ser humano, no encuentra límites en razones
de raza, sexo, ideología o credo.
Comparto esta reflexión en medio de un profundo dolor, con el fin de
amplificar la voz de esperanza que cada alumno ha sembrado en mi ser. Ante una
espiral de violencia que se presenta como interminable, no debe caber la duda
acerca de la posibilidad de una mejor sociedad. Este debe ser un firme
propósito al que nadie debe renunciar. Frente a un odio que genera zozobra,
debe surgir con mayor fuerza la certeza de la posibilidad de cambio.
Nuestro firme compromiso es honrar la memoria de TODAS las víctimas de la
violencia a través de una lucha incesante por una mejor sociedad. ¡Que sea la
educación la mejor oportunidad para la construcción de la paz!
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